Archivos para Septiembre, 2008

Los girasoles ciegos

Publicado en Arte el 30 Septiembre, 2008 por minibar
Huye del triste amor, amor pacato,
sin peligro, sin venda ni aventura,
que espera del amor prenda segura,
porque en amor locura es lo sensato.
Ese que el pecho esquiva al niño ciego
y blasfemó del fuego de la vida,
de una brasa pensada, y no encendida,
quiere ceniza que le guarde el fuego.
Y ceniza hallará, no de su llama,
cuando descubra el torpe desvarío
que pedía, sin flor, fruto en la rama.
Con negra llave el aposento frío
de su tiempo abrirá. ¡Despierta cama,
y turbio espejo y corazón vacío!
Antonio Machado

Ya he visto Los girasoles ciegos, la película que representará a España en los Oscar. He visto por ahí que se dice de todo, que si es aburrida, que si es olvidable… ¡¡Pues a mi me gustó mucho!! Así que os animo a verla, e incluso os recomiendo el libro, porque la película es una adaptación de la aclamada novela de Alberto Méndez, Premio Nacional de Narrativa y Premio de la Crítica en 2005.

Os cuento de que va: se desarrolla en Galicia, en los años 40. Cada vez que Elena (Maribel Verdú) cierra la puerta de su casa, echa la llave de sus secretos. Al mismo tiempo que sortea los rigores de la posguerra, Elena levanta junto a su hijo Lorenzo (Roger Princep) una fachada de apariencia para ocultar la verdad sobre su familia: Elenita (Irene Escolar), la hija adolescente, se ha fugado embarazada con su novio Lalo (Martín Rivas), un joven que lleva meses en las listas de la policía; y Ricardo (Javier Cámara), su marido, vive oculto en un hueco practicado en el dormitorio matrimonial….

¿Recuerdas este momento?

Momento Vetusta en la Plaza del Trigo, Aranda de Duero

 

 

Idiota

Publicado en Tinta roja el 19 Septiembre, 2008 por minibar

esta noche es que estoy un poco

idiota

(por favor, no se lo cuentes a nadie…)

Apolo y Dafne, de Bernini

Publicado en Zona de obras el 19 Septiembre, 2008 por minibar
El primer amor de Apolo fue Dafne, hecho que no fue infundido por un pequeño azar, sino por la cruel ira de Cupido, que hendiendo el aire con el batir de sus alas y sin pérdida de tiempo, se posó sobre la cima umbrosa del Parnaso y sacó dos flechas de su carcaj repleto, que tiene diversos fines: una ahuyenta el amor, y otra hace que nazca. La que hace brotar el amor es de oro y está provista de una punta aguda y brillante; la que lo ahuyenta es obtusa y tiene plomo bajo la caña. Con esta hiere el dios a Dafne; con la primera atraviesa los huesos de Apolo hasta la médula. El uno ama enseguida; la otra rehuye incluso el nombre del amante.

 ”¡Oh, Dafne, detente, te lo suplico!, no te persigo como enemigo…

Dafne, con tímida carrera, huyó de él cuando estaba a punto de decir más cosas y le dejó con sus palabras inacabadas, siempre bella a sus ojos; los vientos desvelaban sus carnes, sus soplos, llegando sobre ella en sentido contrario, agitaban sus vestidos y la ligera brisa echaba hacia atrás sus cabellos levantados; su huída realzaba más su belleza. Pero el joven dios no puede soportar perder ya más tiempo con dulces palabras y, como el mismo amor le incitaba, sigue sus pasos con redoblada rapidez. El que persigue, ayudado por las alas del Amor, es más veloz y no necesita descanso; ya se inclina sobre la espalda de la fugitiva y lanza su aliento sobre la cabellera esparcida sobre la nuca. Ella, perdidas las fuerzas, palidece y, vencida por la fatiga de tan vertiginosa fuga, dijo: “Auxíliame, padre mío, si los ríos tenéis poder divino; transfórmame y haz que yo pierda la figura por la que he agradado excesivamente”.

Apenas terminada la súplica, una pesada torpeza se apodera de sus miembros, sus delicados senos se ciñen con una tierna corteza, sus cabellos se alargan y se transforman en follaje y sus brazos en ramas; los pies, antes tan rápidos, se adhieren al suelo con raíces hondas y su rostro es rematado por la copa; solamente permanece en ella el brillo. Apolo también así la ama y apoyada su mano en el tronco, todavía siente que su corazón palpita bajo la corteza nueva y le dice: Ya que no puedes ser mi esposa, serás en verdad mi árbol; siempre mi cabellera se adornará contigo. ¡Oh, laurel!, tú acompañarás a los capitanes del Lacio cuando los alegres cantos celebren el triunfo y el Capitolio vea los largos cortejos.

Apenas había acabado de hablar; el laurel se inclinó con sus ramas nuevas y pareció que inclinaba la copa como una cabeza.

Tu juego me ha dejado así…

Publicado en 19 el 19 Septiembre, 2008 por minibar

Hoy es un buen día para resucitar el blog. En realidad todos los 19 son buenos días. Cada día 19 recuerdo que tengo que mirar las cosas de un modo diferente, porque así me lo enseñaste.

(buscar otra perspectiva, siempre…)

Gracias por construir torres para mí para ver las cosas desde arriba, por hacerme buscar siempre otra perspectiva. Ahora mirame, soy feliz… (tu juego me ha dejado así…)

disfrazar, seducir,
ponerme guapo para ti…
no se donde quedo el rumor que nos vio nacer…

Vetusta Morla: Un día en el mundo
(que gran descubrimiento, nunca olvidaré esos días)